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Los presos del POUM. Carta desde la Prisión. Barcelona. 14 de Julio de 1938

Excmo. Sr. Presidente de la República
Excmo. Sr. Presidente de las Cortes
Excmos. Sres. Presidente de la Generalidad y de Euzkadi
A los Comités de los Partidos y Organizaciones antifascistas
Hace ya trece meses que los que suscribimos este documento, viejos militantes del movimiento obrero, fundadores y destacados militantes del POUM, nos hallamos sufriendo prisión. Fuimos detenidos el 16 de junio de 1937. Dos días antes habíamos recibido la promesa verbal del entonces Ministro de la Gobernación, D. Julián Zugazagoitia, de que [en] el Consejo de Ministros que debía celebrarse el día 18 sería planteado y, a ser posible solucionado, el asunto de la suspensión de La Batalla. "Si por mí fuera, les autorizaría a publicar el periódico mañana mismo", había afirmado el ministro. No se dio tiempo para que dicha cuestión fuera planteada y se quiso evitar la ocasión de que el director de La Batalla compareciera libremente, según acuerdo de nuestro Comité Ejecutivo, a responder ante el Tribunal nº 1 de Barcelona, de las aviesas acusaciones lanzadas contra nosotros. Una absolución se preveía segura, hubiera echado por tierra toda la trama que, desde hacía varios meses, venía preparando el Partido Comunista para la destrucción del nuestro. Los agentes de policía obedientes a la disciplina de este Partido, llegados expresamente de Madrid y de Valencia, desencadenaron una represión despiadada contra el POUM. Eran detenidos, como "espías fascistas", los militantes y simpatizantes de nuestro Partido que podían ser habidos [hallados]. Como "espía fascista" se buscaba para apresarlo, por ejemplo, al Comandante Cahué, miembro de nuestro Comité Central, en el preciso momento en que una bala fascista ponía fin a su vida en el frente del Este. Se procedió al saqueo de todos nuestros locales sociales y de algunos de nuestros domicilios privados de los cuales desaparecieron los objetos de algún valor: máquinas de escribir, plumas estilográficas, prendas de vestir, incluso el jabón y la colonia. Se procedió a la confiscación de nuestra Editorial Marxista, malvendiéndose a cualquier precio, motejadas de "trotsquistas", las obras fundamentales de Marx, Engels, Rosa Luxemburgo, Lenin, Kautski, Bebel... Eran los prolegómenos de lo que tenía que ocurrir después. La represión se quería sangrienta. Y ha sido, meditadamente, sangrienta.
Andreu Nin fue secuestrado por unos militares en su prisión de Alcalá de Henares, y asesinado. Tenemos derecho a decir que asesinado mientras quienes tienen la obligación de hacerlo no nos demuestren lo contrario. Meses después era secuestrado en Barcelona el escritor marxista austriaco Kurt Landau. No ha vuelto a aparecer: tuvo que ser, también, asesinado. Mientras tanto moría en un lecho de hospital, a la vista de dos policías, víctima de la prisión, el hermano de nuestro diputado Joaquín Maurín, preso en Zaragoza o Salamanca. Poco después era fusilado en Lérida nuestro Comisario Marciano Mena, antiguo militante obrero y uno de los combatientes de los días heroicos de las milicias. Meses más tarde eran asesinados por la espalda, en el frente del Este, dos de nuestros viejos militantes, Hervás y Trepat, el primero sobrino del ex-comisario general y diputado Crescenciano Bilbao. El 8 de mayo del presente año fue fusilado en el campo de trabajo de Omells de Magaya, en la provincia de Lérida, junto con otros once reclusos, nuestro camarada Francisco Pina Orco. El comandante Astorga, que los hizo fusilar caprichosamente, tuvo la avilantez de comunicarle a nuestro camarada que, desde hacía tres días, obraba en su poder la orden de libertad... ¿Quien duda ya hoy en la España antifascista y en el extranjero que nuestro Partido es el "mártir de la guerra civil"?
¿Y nosotros? Durante estos trece meses hemos ido de prisión en prisión. Hemos conocido unos dieciséis calabozos y celdas diferentes. Puestos en libertad en la Cárcel Modelo de Valencia, al séptimo día de nuestra detención, en el mismo momento fuimos secuestrados a la puerta, trasladados a Madrid y metidos en un sótano sin luz ni ventilación, destinados, sin duda alguna, a correr la misma suerte que Nin. Pero esto no es, con serlo mucho, lo más ignominioso. Lo monstruoso es que, mientras un juez y un fiscal especiales nombrados por el Gobierno, instruían nuestro proceso, la prensa del Partido Comunista, con representación en ese mismo Gobierno, pudiera librarse, día tras día y sin la menor traba, a una campaña sin nombre, sin calificación, sin precedente, mientras se nos impedía a nosotros defendernos y el que se nos defendiera. Algunos periódicos dignos, de Madrid, Valencia y Barcelona, conservan montones de galeradas de artículos en defensa nuestra, simplemente en defensa de la más estricta justicia, que la censura no dejó pasar. Este hecho deshonra para siempre a esa institución.
La campaña y la represión habían remitido un poco durante algún tiempo. Últimamente ha vuelto a intensificarse. Desde hace un par de meses se viene procediendo nuevamente a la caza de militantes del POUM en la Cárcel Modelo de Barcelona y en esta Prisión [se encuentran un cierto número] de ellos, la mayoría de los cuales han sido combatientes voluntarios de las Milicias o han ocupado cargos públicos de responsabilidad desde el comienzo del movimiento. En la Cárcel de Mujeres se encuentran, desde hace más de un año, varias compañeras extranjeras, y desde hace un par de meses las compañeras de Andrade y Bonet y una muchacha de menos de 18 años, condenada a seis de prisión por la simple lectura de un periódico. Y la campaña contra nosotros va de par con la represión. Volvemos a constituir la preocupación central de las redacciones y de los comicios comunistas. A las antiguas calumnias ha venido a añadirse una nueva y de bulto: somos los responsables del hundimiento del frente del Este. Y del periódico y la hoja volandera hemos ascendido al libro traducido a varios idiomas. Últimamente se ha puesto a la venta Espionaje en España. El título es engañoso y falso, falso es el nombre del autor y falsa e inexistente es la editorial que lo presenta. Tanta falsedad no podía encubrir más que falsedades. ¿Por qué no da la cara el Partido Comunista en este vil libelo contra el POUM? ¿Teme, acaso, la escandalosa responsabilidad que supone librar públicamente los documentos que constituyen el secreto del sumario? El hecho es grave, muy grave. El Partido Comunista ha dispuesto y dispone a su guisa de la policía y de la censura. Ahora dispone a su guisa del aparato de justicia. Ahí está ese libro como prueba. ¿Quién ha librado los documentos? ¿Qué magistrado ha salido por los fueros de la justicia? Otra demostración: el Sr. fiscal que entiende en nuestro asunto ha redactado sus conclusiones. Su lectura produce sonrojo. Se trata de un vulgar resumen del libelo en cuestión. ¿Qué hace frente a este escándalo el Gobierno? ¿Qué hacen las altas autoridades de la República? ¿Y los partidos y organizaciones antifascistas? Nos explicamos perfectamente que, desde el comienzo de nuestro asunto, haya cundido la inquietud y la protesta en los medios obreros y liberales del mundo entero. Su sensibilidad se ha conmovido legítimamente ante una verdad innegable: la razón de un Partido —mejor aún, la razón de un dictador extranjero— se ha convertido, en la España antifascista, en una razón de Estado, y mientras no se reconquiste la independencia de la razón de Estado, ¿cómo hacerle creer a la opinión obrera internacional que en España se está ventilando el problema de su independencia? ¡Y aún si todo esto nos hubiera servido para que el dictador en cuestión nos hubiera enviado los medios materiales necesarios para aplastar al fascismo en nuestro país! Nuestro sacrificio habría recibido así una cierta compensación. ¿Ha sido este el caso? No.
Hace alrededor de un mes se nos comunicó oficialmente la próxima vista de nuestra causa. Ahora nos llegan barruntos de que no piensa verse en todo el verano. ¿Por qué? ¿Cuánto tiempo va a prolongarse aún esta situación? ¿No es hora ya de que se le ponga fin a esta escandalosa comedia? Está encima el segundo aniversario de las gloriosas jornadas de julio. Todos nosotros tuvimos una intervención directa en ellas. Todos expusimos nuestras vidas frente al fascismo. Entre los centenares de nuestros muertos, de los cuales nos enorgullecemos, se cuenta el primero que cayó en Barcelona el 19 de julio —el secretario de nuestras Juventudes— y el único que cayó en Valencia. El primer aniversario lo pasamos en una checa madrileña, incomunicados, amenazados de muerte. ¿Tendremos que pasar el segundo en esta prisión? Digámoslo con toda responsabilidad: ello supone una vergüenza para la España antifascista, para sus gobernantes, para sus partidos y organizaciones, a los cuales hacemos tan responsables de cuanto sucede como al propio Partido Comunista y a quienes lo mandan desde aquí y desde fuera.
Por los presos del POUM:
Los ex-miembros del comité ejecutivo:
Juan Andrade, Pedro Bonet y Julián G. Gorkin
El ex-secretario de la Juventud Comunista Ibérica
Wilebaldo Solano
El ex-miembro del comité de Barcelona
David Rey
El ex-secretario provincial de Lérida
Juan Farré
El ex-secretario provincial de Gerona
Juan Quer
El ex-redactor jefe de La Batalla
José Escuder
 

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