Carta de Perón a John William Coocke. 11 de Junio de 1957

Caracas, 11 de junio de 1957.
Señor Dr. D. John W. Cooke Santiago

Querido Cooke:

En la carta anterior, escrita el 9 creyendo que Vidal regresaría enseguida, le anuncio la remisión de los panfletitos escritos por mí y que van adjuntos a ésta. Le he hecho el doble de los que me pedía porque supongo que todo será poco para esto. Como nosotros estamos un poco lejos de los mismos Comandos de Exilados fronterizos, que han de utilizarlos para imprimirlos biográficamente, le pido que sea us­ted quien se los haga llegar de la manera más segura y si es nece­sario por los conductos simultáneos para asegurar su recepción por ellos.

Vicente le manda en su carta las direcciones de los Jefes de los distintos Comandos de Exilados más importantes.

Los panfletos referentes al voto que le remito, es conveniente que los haga llegar cuanto antes a:

Brasil: Doctor D. Modesto Spachessi.

Bolivia: D. Fernando García Della Costa - Claudio Adiego Fran­cia. - Dr. David Casas.

Paraguay: Prof. Agustín Puentes.

Uruguay: Dr. D. Eduardo Colom.

En los demás casos usted verá si conviene que desde otros pun­tos se haga llegar a la Patria los panfletos, por eso le mando veinte manuscritos del mismo, que usted podrá disponerlos como crea más conveniente. Ghizzardi me mandó pedir lo mismo, de manera que le ruego que le de alguno.

Creo que mediante un ajustado y profuso trabajo puede cubrirse pronto la República. Estoy seguro que ya existe el clima al respecto, de manera que con sólo llegar, todo se hará de la mejor manera. La

mayoría de los demás partidos se pondrán la tapa con su aptitud en las elecciones de Convencionales si se deciden por apoyar el fraude en estas elecciones trampa y creo que si nuestra gente sabe aprovechar la ocasión y trabaja bien, la dictadura hará el papelón del siglo, des­pués de lo cual no le quedará sino entregarse y tratar de desaparecer lo antes posible. Si tomara una actitud diferente, mejor para nos­otros, su caída será más estruendosa y conveniente.

Conviene hacer llegar a la masa que no deben concurrir a los comicios para que la abstención sea más efectiva. A los empleados públicos que les controlarán y los deiarán cesantes no es conveniente exponerlos porque los perdemos también para nosotros, pero a ellos les queda el recurso de votar e'n blanco o anular su voto de cual­quier manera. En la orden he repetido lo de las instrucciones por razo­nes de disciplina.

Esoero aue. si las elecciones se realizan todo salea en la forma prevista. Por aquí anda el Dr. Bustos Fierro que, según me informan, es de los aue ceden a la desgracia y anda con canas de buscar la for­ma de evitarse la continuación de sus nenurias mediante un acomo­do frondiciano. Yo no he querido mantener con él muchas conversa­ciones y desde que está en Venezuela sólo lo be visto una vez, cuando \ ino, poraue es medio complicado y ahora necesitamos gente simple oue trabaje mucho y hable poco. Sabía por Borlenghi aue. en Cuba nunca hizo nada ni se interesó en nada, como no fuera "la Universi­dad". Es un poco ampuloso y embustero, además cordobés, de manera que he -preferido no estrechar la eserima.

Situación en nuestro País: Acabo de leer aue el 8 de 'unió han salido en Buenos Aires y otras partes, las nr'meras manifestaciones peronis+as, tumultuosas, aue han desobpdeo'do la prohibición de ha- cprlo. Esto está indir-ando aue la irfanizaeión va adelante v aue el miedo se va perdiendo, como asimismo que el Gobierno comienza a ceder y las represiones violentas no son ya posibles. En esto estoy se­guro que no se trata del Gobierno de asesinos, sino más bien de la a-ente que no desea seguir siendo instrumento del crimen ciudadano.

Estamos completamente en claro sobre: primero, oue la orcraníza- ieón es la base de nuestras acciones presentes; segundo, que las comu­nicaciones hay que desarrollarlas al máximo, especialmente entre us­tedes y los comandos aue trabaian en el interior y tercero aue hay que -proceder de acuerdo con las circunstancias y no -nreconcebidamente.

Sobre la oportunidad r»ara provocar el estallido crpo realmente que aún no estamos suficientemente organizados ni prenarados, co­mo asimismo aue lá situación de nuestros enemigos no ha llegado al , nunto óptimo para accionar con menos riesgo. Vemos, por los hechos nue se están sucediendo ahora mismo, que las cosas están madurando. El gobierno (de alguna manera hay que llamarlo) tiene ante sí gravísimos problemas pero, la mayor parte de las cosas no han hecho crisis todavía, lo que sucederá sucesivamente en el futuro inmediato. La situación económica empeora, pero aún se puede vivir. La situación política se quilombifica cada día más pero aun no está lo suficien­temente evolucionada porque las necesidades recién comienzan a ha­cerse sentir. Las divisiones entre los gorilas están en plena fase de al­cahuéteos y conspiraciones pero no han hecho aún crisis, lo que pue­de esperarse para pronto, manifestada en amenazas y conatos de gol­pes de estado, porque estoy seguro que nadie va a pelear por estas cosas: serán golpes de palacio y nada más, pero, que acelerarán de todas maneras la descomposición actual. Quizá en uno de esos se en­tremezclen las cosas y se pierda el comando y, entonces, allí habría llegado el momento para desencadenar el golpe. Es claro que, para que eso sea posible, necesitamos buena organización y preparación, lo que todavía, en mi concepto, no tenemos.

De la política estoy en claro y le agradezco sus interesantes da­tos. Usted ve que, de acuerdo con el panorama planteado alrededor de la Constituyente, los mismos partidos de la "Libertadora" son absten­cionistas en gran parte, lo que quiere decir que, entre ellos ya ha fracasado. ¿Qué ocurrirá si nosotros hacemos que los peronistas no voten o voten en blanco? El fracaso entonces será estruendoso. Le adjunto los ejemplares que me pide de manuscritos para emplear en la campaña por el abstencionismo peronista, de acuerdo con sus indicaciones: en claro que usted, desde Chile, hará llegar a todas par­tes y profusamente, esta orden.

Problemas gremiales: Sobre el asunto de la C.G.T. Ue .1. y la In- tersindical, el problema es complejo y para decidir sería necesario estar muy en claro sobre la verdadera situación, lo que no puede apre­ciarse desde aquí, con los elementos de juicio disponibles. Por eso no me atrevo a opinar, para no decir una macana. Creo que ustedes allí, si se ponen bien claro, deben decidir esta cuestión o, de lo contrario, deben encargar a alguien de buen criterio en Buenos Aires, para que trabaje este asunto.

En el orden sindical todo el problema estriba en los aspectos di; la organización formal, porque, en el fondo, la mayoría absoluta es peronista, como lo es en los demás aspectos populares. De modo que hay que buscar soluciones que no perjudiquen al peronismo y que ayuden a nuestro movimiento en marcha, cediendo en las formas pa­ra asegurar el fondo de nuestra acción. Todo debe estar subordinado a los objetivos establecidos en las Directivas e Instrucciones y en el cumplimiento de la misión que nos hemos impuesto de acuerdo con ellos. En cada caso los dirigentes, cualquiera sea su categoría, si se quedan sin orden deben proceder por iniciativa, tratando de interpretar en cada caso, qué es lo que más conviene a nuestro Movimiento, pen­ sando que tenemos objetivos y misión determinados. Esperar siempre la orden o escudarse en la protección de una consulta no es una con­ducta adecuada para nuestros dirigentes gremiales en la situación en' que nos encontramos.

Lo que es indispensable, es infiltrar todo el sistema sindical, cual­quiera sea su nombre, con células peronistas que mantengan la con­signa nuestra en todo momento. Yo sé lo que vale cuando los delegados de 'fábrica son presionados por estas células porque, los comunistas, muchas veces, nos han tenido locos a nosotros con cuatro gatos.

Usted resuelve allí sobre el terreno, es lo mejor. Las circunstan­cias en que operamos no son para perder tiempo en consultas. Nues­tra identificación es de tal naturaleza que parece que pensáramos por la misma cabeza. Sus cartas podría firmarlas yo y probablemente su contenido no podría ser diferente. En este sentido la unidad da doctrina hace milagros.

Comando Obrero de Chile: Comparto su idea sobre el trabajo de estos muchachos que lo aprecio a cada instante.

Alianza: La misma cosa. Kelly es un hombre de acción que será extraordinariamente útil en todo lo que sea lucha activa, decidida y audaz: lo que nosotros necesitamos pero, hay que cuidarlo porque es demasiado impulsivo y audaz y "el horno no está para bollas".

Comando de Chile: Estoy encantado de como lleva usted las co­sas allí. G.l es una excelente persona y gran trabajador, serio y eficaz. Como usted deberá venir finalmente a Caracas para dirigir toda la parte política del Movimiento, conviene que aproveche su es­tadía allí para preparar a G.l que quedará allí y por intermedio del cual puede hacer todo mejor, desde que las comunicaciones con Río, La Paz y Uruguay son más fáciles desde allí, como asimismo las con­diciones para actuar en todo sentido. Junto con eso usted estará en mejores condiciones para dirigir todo si desde ya asegura las mejores conexiones desde allí.

Yo creo que pronto terminará el saínete de la Justicia chilena y ustedes podrán tener libertad de acción. Es lo que espero porque la tarea para mi soló es extremadamente dura. Yo no puedo confiar en nadie mis cosas de aquí y personalmente me resulta pesado porque, sólo en la correspondencia me paso diez o doce horas en la máquina. Con su intervención la cosa será más simple para mí porque así puedo yo ocuparme de muchas cosas que hoy, están poco menos que aban­donadas, a pesar de ser muy importantes, como serían las cuestiones de vinculación con los gobiernos amigos, el de Estados Unidos, el del Gobierno Venezolano y los numerosos amigos que tenemos en todas partes y que por falta de tiempo, los tengo poco menos que abando­nados. Lo mismo que la parte económica que hay que atender muy preferentemente porque todos necesitan dinero.

Fondos: A propósito de lo que me dice sobre este asunto le gira­ré diez mil dólares inmediatamente. Sobre esto le hablará el amigo que lleva esta carta.

Carta interceptada: Lo de la carta interceptada es cierto por lo que me dice, probablemente dirigida a Colom en Montevideo. No tiene importancia. Está firmada por Pecinco. Ahora firmo Gerente. Como las cartas importantes van a la mano, las que corren por correo son sin importancia. En todos los correos deben haber tipos que negocian con las cartas nuestras.

Carta de Martincho: Este muchacho no sólo se ha portado mal sino que me ha hecho quedar mal a mí ante la gente que me es muy necesaria para mis cosas aquí. Yo no lo conocía a el y se conectó conmigo, cuando aún yo estaba en Panamá. Indudablemente que es un buen peronista adoctrinado y leal, pero sus condiciones y antece­dentes personales le perjudican mucho. Mientras el estuvo en Cara­cas y yo en Panamá todo andaba bien pero, cuando yo llegué a Ca­racas, cometí el error de tenerlo muy cerca mío, más ñor considera­ción a él que por otra razón: en ese momento, él se había peleado con el General Tanco y los demás oficiales que llegaron a Venezuela des­pués del levantamiento del 9 de junio de 1956 y para no dar la sen­sación que ellos ganaban, lo defendí a capa y espada contra las arre­metidas que todos los días le llevaban. Un día me llamó el Jefe de Seguridad Nacional, señor D. Pedro Estrada, árbitro aquí de todo lo policial y me informó que Martínez era un hombre de malos ante­cedentes, catalogado como tratante de blancas, que había llegado a Venezuela con dos mujeres y que se lo consideraba un individuo in­deseable. Yo le pedí que me permitiera averiguar antes de juzear porque nod*a tratarse de cuestiones inventadas ñor nuestros enemi­gos. El hombre se rió y se limitó a decirme: "Comprendo, general". Como en otras pp.rtes, los exilados aquí estaban divididos y yo opté por aislarme lo necesario como para no caer en ninsruna de las frac­ciones. Todo siguió así hasta que un día Martincho tuvo una pelea en un local de dudosa moralidad y fue a dar con sus huesos a Segu­ridad Nacional, acusado de lesiones graves, pues con un arma cor­tante infirió dos heridas en el cuello y las manos a su oponente (otro areentino). Inmediatamente, a pesar que él me pidió que "le dejara jugar solo este partido", yo hablé con un abogado amigo y luego a Don Pedro Estrada, para evitar que lo pasaran a la cárcel y se arre- fiara todo allí. El damnificado insistía en seguirle juicio y tuve que hacer juegos malabares para evitarlo. Al final se encontró como so­lución, por consejo de Seguridad Nacional, que se le pondría en liber­tad condicional (lo único que podían hacer) y que él se arreglara para salir del país, única forma de evitar el proceso que lo podría lle­var por tres años a la cárcel. El juzgó que yo no habría hecho todo lo posible y que su salida obedeció a las influencias del Grupo Mili­tar que andaba peleando con él, cosa que es totalmente inexacta.

Es indudable que me perjudicó grandemente ante las personas que aquí me aprecian que, indudablemente no habrán interpretado que la defensa que yo hiciera de él era una cosa correcta, dados sus ante­cedentes. Por numerosas indiscreciones cometidas por Martínez he sabido después que trata de escribir un libro contra mí, pero, no tiene ninguna importancia que lo haga, desde que si dice verdades no podrá decir nada que no sea una debilidad mía al defenderlo fuera de lo prudente y si dice mentiras no tendrá valor alguno. El, menos que ningún otro, puede decir de mí algo que pueda ser incorrecto o desr leal porque, a juicio de todos aquí, yo he tenido con él condescen­dencias que son inexplicables, desde que considerado como un hombre indeseable por las autoridades, lo he protegido como veo ahora que no merecía.

Le agradezco los juicios que ha asentado usted en su carta a Martínez. Es difícil encontrar hombres ecuánimes cuando se trata de ponerse a sí mismos en la balanza y juzgar los hechos como son en realidad y más difícil aún encontrar a quien tiene la grandeza sufi­ciente para sobreponerse al interés o la pasión personal en beneficio de la misión superior que cada hombre lleva implícita. Eso es sólo de hombres superiores y estos no abundan en la vida pero, el triunfo está siempre en potencia en los que saben renunciar, con grandeza y no en los que sólo son capaces de ambicionar o exigir posiciones. La justicia, en el discernimiento de méritos y posiciones es una cosa difícil de alcanzar en la política y, muchas veces, se cometen verda­deras injusticias, que son superadas por los justos y prudentes, pero no por la imprudente ambición despechada y negativa. Esto, que no es un mérito en un hombre de 60 años, es una virtud casi inaccesible en un hombre joven.

Finalmente, según veo yo la situación actual, dentro de la defi­ciente información que poseo sobre el panorama de cada parte, aunque tengo el de conjunto, todo se va produciendo como hemos previsto. Ni siquiera han faltado los Bramuglia y los Saadi que están apare­ciendo y que seguirán proliferando en esta hora caotizada de las ac­tividades políticas, en la que cualquier Cacaseno se siente dirigente y candidato a salvador de la Patria. Soñar no cuesta nada. Todos encandilados con la solución política no se dan cuenta que esa debe ser de fondo y no una componenda más, a base de fraude o de aco­modos. Cualquier solución que se aparte de la decisión popular será un triúnfo a lo Pirro. De esos triunfos está empedrado el camino que conduce a los grandes fracasos.

Nosotros no luchamos por llegar al Gobierno ni por soluciones para dirigentes, sino por una causa del Pueblo que es nuestra razón de existir. ¿Qué puede importarnos lo que suceda entre tanto?, como sea para aprovechar todas las circunstancias en favor de la solución que propugnamos y, en todo lo que está sucediendo, yo no veo sino cosas que nos favorecen. Por eso creo que se acumulan factores favorables a nuestra acción a medida que el tiempo pasa, a pesar de la acción de los políticos que, en parte, trabajan también para nosotros, porque no pueden trabajar sólo para ellos. Mientras esta situación persista, nosotros no tenemos porqué apurarnos.

La acción perturbadora en nuestras organizaciones debe ser neu­tralizada por nuestro trabajo y aún debemos ir más adelante, debe­mos aprovechar a éstas para perturbar a nuestros enemigos. Todo reside en la posibilidad de hacer llegar las directivas oportunas y fehacientes que permitan obrar con cierta unidad de acción. Yo sé que, si pudiera disponer de una radio y hablar al Pueblo, en un día arreglaba la situación. Pero, mediante otros arbitrios que permitan saturar las masas con nuestras órdenes. Sé que esto no es fácil pero sé también que no es imposible si nos proponemos hacerlo. El tiempo que es un factor importante para ello no aprieta tanto como para renun­ciar a intentarlo. Desde allí es más posible, por eso usted tiene toda la autoridad necesaria para hacer llegar directivas en mi nombre si es preciso y debe hacerlo en la forma más expeditiva y amplia.

Le ruego que salude a los compañeros y amigos de esa.

Un gran abrazo.

Juan Perón