Regímenes de gobierno según Aristóteles

LOS REGÍMENES DE GOBIERNO, SEGÚN ARISTÓTELES
   “Después de haber precisado estas cuestiones se puede examinar a continuación cuántas en número y cuáles son las constituciones políticas; y, en primer lugar, las correctas, puesto que entonces resultarán claras sus desviaciones, después de haberlas definido. Ya que régimen político y gobierno significan lo mismo y el órgano de gobierno es lo decisivo y soberano en las ciudades, forzosamente será soberano o una persona o unos pocos o la mayoría. Cuando el uno o la minoría o la mayoría gobiernan atendiendo al interés general, esos regímenes serán forzosamente correctos, mientras que serán desviaciones los que atienden al interés particular del individuo o de la minoría o de la mayoría. Porque o no hay que reconocer como ciudadanos a los miembros de la comunidad o deben participar de sus beneficios.
   De los gobiernos unipersonales solemos llamar monarquía al que atiende al interés general; al gobierno de pocos, pero más de uno, aristocracia, bien porque gobiernan los mejores (áristoi) o bien porque procuran lo mejor (áriston) para la ciudad y los que participan en ella. Cuando es el mayor número el que gobierna atendiendo al interés general recibe el nombre común a todos los regímenes políticos: república (politeia). Y es así con buenas razones.
   Por otro lado, es posible que un individuo o unos pocos descuellen por su excelencia; pero es ya difícil que un número superior resulte destacado en la virtud general, aunque lo sea peculiarmente con respecto a la guerrera, ya que ésta se da en la masa. Por tanto, en este régimen político el elemento combatiente ocupa el poder supremo y participan en él los que poseen el armamento.
   Las desviaciones de los mencionados son: la tiranía de la monarquía, la oligarquía de la aristocracia, la democracia de la república. La tiranía, en efecto, es una monarquía orientada hacia el interés del monarca, la oligarquía hacia el de los ricos y la democracia hacia el interés de los pobres. Pero ninguna de ellas atiende al provecho de la comunidad.”

Aristóteles, República, Libro III, capítulo VII.