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Monseñor Miguel de Andrea, 2 de Junio de 1910. "Dios y Patria". Documentos históricos argentinos

Es muy cierto,  que han merecido bien de la Patria, todos cuantos han tenido la misión de cooperar al éxito de nuestro centenario (...)
         Algo muy extraordinario ha pasado, señores, por el alma nacional. Algunos días atrás, la conciencia de todos era asaltada de amargas inquietudes. Vivíamos en un ambiente de indecisión. Un hálito helado congelaba en nuestras venas el naciente entusiasmo, inoculándonos los gérmenes de un espasmo indefinido. Dudábamos del éxito: la indecisión, madre del desaliento, era lo que respirábamos en la atmosfera. Los hijos de las tinieblas, sintiéndose por unos momentos dueños casi absolutos del terreno, creyeron llegada ya su hora: extremaron los recursos, llegaron a los excesos, ¡nos hirieron en la mitad del alma! Señores, yo no puedo agradecer el crimen. Pero siento tentaciones de exclamar, ante el recuerdo de aquellas siniestras amenazas:  “¡Feliz provocación!” (...)
Se había pretendido relegar a la oscuridad nuestra bandera: y nuestra bandera salió y salió llevando por pedestal el pecho de los niños y el corazón de las mujeres, porque se quiso hacer gala del valor, venciendo con la debilidad: y la bandera se enarboló sobre nuestras casas, como sobre otras tantas ciudadelas del sentimiento patrio y como si esto no bastase cincuenta mil manos viriles la enarbolaron haciéndola flameare sobre las anchas avenidas, de suerte que por algunas horas pudimos hacernos la ilusión de que la amplitud celeste y blanca de los cielos había abandonado las alturas en que se extiende, para bajar a envolver entre sus pliegues y venir a besar el suelo de la Patria. (...)
         Hemos arrojado los cimientos del templo de nuestra grandeza, son magníficos, son hermosos, pero nos hallamos casi al principio de la gigante obra y debemos continuarla en forma tal que los que tengan la dicha de celebrar la nueva centuria, tengan también la de colocar sobre su cúpula la bandera. Estamos por lo tanto en el debe de alejar toda causa rémora. (...)
         Ya lo habéis comprendido, señores: me refiero a la prédica malsana de las doctrinas disolvente que vienen minando los sólidos principios de nuestra civilización. Yo no temo hablar, señores, temería más bien callar, porque con ello haría traición a mi Patria y a mi conciencia. El que no se siente con el valor necesario para denunciar al enemigo, no sólo es un cobarde, sino también un cómplice. (...)
         Así os hablo también ahora y sé que responderéis, haciendo desaparecer de nuestro suelo hasta el vestigio de aquellos que alientan la esperanza de imponernos alguna tiranía. La juventud ha respondido ya a ese llamado noble de la Patria: ha sido la primera porque es la que menos puede contener entusiasmos. Pero no debe ser la única. La Patria espera la respuesta en primera fila de todos los que sois, bajo su amparo, la encarnación de algún poder. (...) Y yo quisiera, señores, disponer en esta circunstancia memorable, de bastante autoridad para levantar mi débil voz y pediros en nombre de la Iglesia, la eterna aliada de la Patria, que como último tributo de nuestro reconocimiento delos Divinos favores, formuléis el voto de no atacar jamás su religión. Economizad en adelante esas preciosas energías para aplicarlas allí donde imperiosamente se reclaman. (...)
         Seamos francos, señores, se puede disputar y aun si queréis, atacar a la verdad, porque desgraciadamente está abandonada en la Tierra a las disputas de los hombres; pero nunca se puede disputar, ni jamás es lícito atacar la virtud. Brilla esta de una manera tal que no deja resquicio alguno a la injusticia ni a la tiranía y aun cuando el cristianismo no mereciese todo vuestro respeto a título de verdad, lo merecería a título de virtud. No lo ataquéis pues, y cuando de ellos sintáis tentaciones, pensad que cada uno de los ataques que dirijáis contra sus verdades y sus principios, contra sus prácticas y su moral, será un nuevo golpe que descargaréis sobre los cimientos mismos del edificio social en que descansáis: y lo que es más todavía, pensad que si os empeñáis en conmover las columnas del templo, seréis quizá los primeros en quedar aplastados debajo de sus escombros. No nos ataquéis pues, puedo repetiros aun en nombre del patriotismo, de ese patriotismo que habéis visto surgir del corazón mismo de la Iglesia, como de la semilla surge la planta y como de la planta surge la flor. Esas preciosas energías que tan sin razón se dirigirían en contra de nosotros, aplicadlas resueltamente a contrarrestar la influencia demoledora de las doctrinas disolventes, cuya falta absoluta de razón de ser acabamos de ver una vez más en la gloriosa semana tan llena de gloria como fecunda en beneficios. (...)
         He aquí, señores, el precioso lema que os dejo como recuerdo íntimo de mis palabras de hoy: “Dios y Patria”
         He dicho

Monseñor Miguel de Andrea, 2 de Junio de 1910

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Documentos Imperialismo. Armand Dubarry.1879

"El negro salvaje y bárbaro es capaz de todas las estupideces y desgraciadamente, Dios sabe el porqué, parece estar condenado en su país de origen a la salvajería y a la barbarie para siempre. Con tres semanas de trabajo tiene para garantizar su provisión de arroz, maíz, etc. Si trabajara seis meses, haría de su patria un paraíso. Pero cualquier idea de progreso y de moral no le permite darse cuenta del valor incalculable, del infinito poder del trabajo y sus leyes son sus pasiones brutales, sus apetencias feroces, los caprichos de su imaginación perturbada. El indígena vive al día, a la aventura, indiferente al mañana. Su gusto poco delicado le permite adaptarse a los que le ofrece el azar."
A. Dubarry. Viaje a Dahomey. 1879.
Armand Dubarry (1836-1910), autor de estas líneas, fue un periodista y escritor prolífico francés. Desempeñó tareas en el Journal des Voyages. 

La democracia según Aristóteles

SOBRE LAS CARACTERÍSTICAS DEL RÉGIMEN DEMOCRÁTICO    “El fundamento del régimen democrático es la libertad (en efecto, suele decirse que sólo en este régimen se participa de la libertad, pues éste es, según afirman, el fin a que tiende toda democracia). Una característica de la libertad es el ser gobernado y gobernar por turno y , en efecto, la justicia democrática consiste en tener todos lo mismo numéricamente y no según los merecimientos, y siendo esto lo justo, forzosamente tiene que ser soberana la muchedumbre, y lo que apruebe la mayoría, eso tiene que ser el fin y lo justo. Afirman que todos los ciudadanos deben tener lo mismo, de modo que en las democracias resulta que los pobres tienen más poder que los ricos, puesto que son más numerosos y lo que prevalece es la opinión de la mayoría. Esta es, pues, una característica de la libertad, que todos los partidarios de la democracia consideran como un rasgo esencial de este régimen. Otra es vivir como se quiere; pues dicen que esto …

¿El principio de causalidad demuestra la existencia de Dios?

El principio de causalidad establece que todo acontecimiento tiene una causa. Vos, yo, el celular en el que estás leyendo, la revista Patoruzito, las bóvedas de Cristina  y todo lo que existe en el mundo fue precedido por uno o varios sucesos que nos engendraron. A medida que retrocedemos en el árbol de la historia humana las ramas se van volviendo más gruesas, las causas se van anudando para construir momentos de coyuntura, situaciones de cambios, revoluciones y eventos fundantes.
La lógica del principio de causalidad nos va llevando cada vez más atrás en el tiempo, hasta llegar a situaciones troncales: La agricultura, la construcción de sociedades estatales, el nacimiento de Mirtha Legrand, el origen del homo sapiens, la aparición de los vertebrados, las primeras formas de vida. Todos estos sucesos y procesos fueron también engendrados por sus propias causas. Si somos coherentes y seguimos retrocediendo en la cadena de causalidad en algún momento vamos a llegar a las partículas elem…

1928. Colegio Don Bosco Ramos Mejía. Vista Aerea

Imágenes de la crisis de 1929. Estados Unidos

Aunque la crisis se hizo evidente en 1929, algunos indicadores económicos habían comenzado a hacer sonar alarmas algunos años antes. El famoso jueves negro (octubre de 1929) la caída estrepitosa de la bolsa de Wall Street expresó los límites del proceso de expansión capitalista que había caracterizado a la década de 1920 en los Estados Unidos. La especulación financiera había inflado los activos de las empresas que habían acelerado sus procesos productivos sin advertir que la demanda de los bienes de consumo estaba agotándose: La sobreproducción repercutió negativamente en las expectativas empresariales, las acciones se derrumbaron y muchas empresas quebraron dejando un tendal de desempleados. Los créditos tomados durante la época de bonanza no pudieron ser saldados profundizando la crisis de los bancos. Las hipotecas se ejecutaron haciendo caer el precio de las viviendas: Los bancos disponían de un enorme stock de viviendas y casi nadie en todo Estados Unidos estaba en condiciones d…

Carta de un soldado francés. Primera Guerra mundial

Estos tres días pasados encogidos en la tierra, sin beber ni comer: quejidos de los heridos, luego el ataque entre los boches y nosotros. Después, al fin, paran las quejas; y los obuses, que nos destrozan los nervios y nos apestan, no nos dan tregua alguna, y las terribles horas que se pasan con la máscara y las gafas en el rostro, ¡los ojos lloran y se escupe sangre! Después, los oficiales que se van para siempre, noticias fúnebres que se trasmiten de boca en boca en el agujero, y las órdenes dadas en voz alta a cincuenta metros de nosotros; todos de pie, luego el trabajo con el pico bajo las terribles balas y el horrible ta-ta-ta de las ametralladoras.
Carta de un soldado francés, Marzo de 1916

Discurso del rey Luis XVI ante los Estados Generales, 1789.

“La deuda del Estado, ya inmensa a mi advenimiento al trono, se ha acrecentado todavía más bajo mi reinado: una guerra dispendiosa, pero honorable, ha sido la causa; la elevación de los impuestos ha sido la consecuencia necesaria y ha hecho más notoria su desigual repartición.     Una inquietud general, un deseo exagerado de innovaciones, se han adueñado de los espíritus (por eso debemos) apresurarnos a contenerlas en una reunión de entendimientos sabios y moderados. Y con esta esperanza, señores, los he reunido, y veo con agrado que mi confianza se ha visto justificada por la disposición que los dos primeros órdenes han mostrado en renunciar a sus privilegios económicos. La esperanza que he concebido de ver a todos los órdenes concurrir conmigo al bien general del Estado, no se verá defraudada […]”
Discurso del rey Luis XVI en la apertura de los Estados Generales, 1789.

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