Ir al contenido principal

El Sindicato y el Partido, Unión Sindical, Junio de 1922

El Sindicato y el Partido
Dentro de la organización obrera tenemos esta dualidad con la cual chocamos en todo momento:
El partido político que tiende por todos sus medios al afianzamiento del poder estatal con todos sus resortes jurídicos, militares y capitalistas, y el sindicato que niega en sus principios y métodos de lucha el estado con sus leyes, privilegios, motivo de la desigualdad de clases, base fundamental para la explotación de los trabajadores.
Entre el partido político (por muy avanzado que parezca con sus programas máximos y mínimos), y el gremio, no hay, no puede haber relación ninguna frente al problema social en el cual va implícitamente comprendida la libertad económica y política de los pueblos.
La misión de todos los partidos es reformar ciertas fases de la vida del proletariado, es decir, procurarles más salario, menos horas de trabajo, mejor viviendo, cierto “aparente control en la producción” pero siempre y a condición de que sigan sometidos al estado, que no salga de la condición de parias, que no quebrante nada de lo estatuido y se dejen explotar el producto de su sudor para mantener y beneficiar la vida parasitaria de la burguesía.
Debemos tener en cuenta que el estado está compuesto por burgueses que tiene intereses creados, antagónicos con los de la clase proletaria, y de esto se desprende que esos representantes del pueblo todo cuanto hagan, sancionen legislen desde el poder ha de redundar en su provecho y en perjuicio inmediato de los trabajadores.
“Nadie tira piedras a su tejado”, mejor dicho, los trabajadores no deben esperar nada que les beneficie ni les saque miseria moral y material, la acción de los partidos políticos.
¿Qué relación existe entre un jefe de partido (burgués) político (bautice con el nombre que quiera) y un obrero adherido a ese partido? Ninguna.
Los intereses de uno y otro se chocan, se repelen, son enemigos irreconciliables.
En tanto el jefe del partido como legislador impone leyes e opresión y acatamiento; en tanto aprueba y mantiene el privilegio de una casta (a la cual pertenece en cuerpo y alma) que detenta la riqueza social; en tanto como patrón explota en la mina, en el campo, en la fábrica, y en el taller a su correligionario, el obrero resulta al fin victima dos veces.
Como afiliado al partido sometido a la imposición del jefe, como trabajador expoliado por el patrón jefe.
Hemos dicho que entre el sindicato que lucha por su emancipación integral y el partido político que brega por el mantenimiento del poder, no hay maridaje ni convivencia posible.
O se niega rotundamente el partido o se desconoce el sindicato.
Nos parece imposible ese desdoblamiento, es decir, esa dualidad que mantienen muchísimo obreros al querer tener los pies metidos en el sindicato y la cabeza en el partido. Esto es absurdo.
Ya sabemos que guía a todo partido la conquista del poder con todos sus resortes opresivos, y también sabemos que los fines y medios de lucha de los sindicatos revolucionarios no son otros que los de destruir todo el poder atentatorio a la libertad de los productores.
La posición de un obrero afiliado a un partido y a la vez asociado a un sindicato (que rechaza implícitamente toda acción política por estancadota del progreso y atentadora a la emancipación del proletariado), es dual, sospechosa, asaz imposible. Con tirios o troyanos, con el sindicato o con el partido.
Por otra parte esa situación de obrero siempre bajo el yugo capitalista, y esa otra de militante (léase peldaño) de un partido, nos resulta algo como una serpiente mordiéndose la cola, o mejor, lo que se defiende en la política se niega en el sindicato, lo que en el partido se afirma se refuta en el gremio a que se pertenece.
“Yo soy sindical e el sindicato y político en el partido”, dicen frecuentemente esos duales. Y no se les puede creer. Sea cual fuere el color de los partidos el fondo no varía, la aspiración es la misma en todos los lugares y tiempos.
Las ansias de dominio es el manjar de todos los partidos políticos, el que rumian con más fruición, siempre.
¿Qué afinidad hay entre los intereses económicos y morales de un obrero afiliado a un partido y sus dirigentes? Estos:
Mientras el uno explota, el otro es explotado; mientras el uno es oprimido, el otro (el jefe) es opresor, mientras el obrero vive en la orfandad, el otro (el mandarín) vive en la opulencia; en una palabra: la afinidad de intereses entre un obrero afiliado a un partido y “sus” jefes, es la misma que la del lobo y el cordero.
Supongamos un obrero que milita en un partido y trabaja en la fábrica o campo del cual es patrón el jefe de su partido, en pésimas condiciones: ¿Qué hace ese obrero?
Si se declara en huelga, el patrón no le reconoce ningún derecho como proletario, le niega todas las mejoras y condiciones de vida, pero como “buenos camaradas afiliados a un partido” se entienden admirablemente.
¡Qué sarcasmo!
Aquí cuadran todas aquellas palabras de un cura chisco que dijo:
“Todos somos hermanos ante Dios, pero ante la torta ¡quiá!”
Pero, supongamos más; supongamos que la huelga entre el patrón-jefe y sus afiliados adquiere proporciones violentas, y los intereses del burgués, legislador y político peligran, ¿qué sucederá?
Que en nombre de los privilegios, de la propiedad privada, del orden, del derecho a la explotación de la vida del jefe, pone frente a los huelguistas las fuerzas el estado (del cual es miembro integrante) y los masacra sin preocuparse si son militantes de su partido. ¿Quién puede negarnos esto?
El obrero que milita en un partido se forja sus propias cadenas, se niega a sí mismo y es un eterno puntal del estado y sus esquilmadores.
O con el sindicato por la liberación completa o con el partido por la esclavitud perpetua.
Este es el dilema, productores.
Unión sindical, Año I, Nº 1, 24 de Junio de 1922.

Otros contenidos de Perspectivis

La democracia según Aristóteles

SOBRE LAS CARACTERÍSTICAS DEL RÉGIMEN DEMOCRÁTICO    “El fundamento del régimen democrático es la libertad (en efecto, suele decirse que sólo en este régimen se participa de la libertad, pues éste es, según afirman, el fin a que tiende toda democracia). Una característica de la libertad es el ser gobernado y gobernar por turno y , en efecto, la justicia democrática consiste en tener todos lo mismo numéricamente y no según los merecimientos, y siendo esto lo justo, forzosamente tiene que ser soberana la muchedumbre, y lo que apruebe la mayoría, eso tiene que ser el fin y lo justo. Afirman que todos los ciudadanos deben tener lo mismo, de modo que en las democracias resulta que los pobres tienen más poder que los ricos, puesto que son más numerosos y lo que prevalece es la opinión de la mayoría. Esta es, pues, una característica de la libertad, que todos los partidarios de la democracia consideran como un rasgo esencial de este régimen. Otra es vivir como se quiere; pues dicen que esto …

Discurso del rey Luis XVI ante los Estados Generales, 1789.

“La deuda del Estado, ya inmensa a mi advenimiento al trono, se ha acrecentado todavía más bajo mi reinado: una guerra dispendiosa, pero honorable, ha sido la causa; la elevación de los impuestos ha sido la consecuencia necesaria y ha hecho más notoria su desigual repartición.     Una inquietud general, un deseo exagerado de innovaciones, se han adueñado de los espíritus (por eso debemos) apresurarnos a contenerlas en una reunión de entendimientos sabios y moderados. Y con esta esperanza, señores, los he reunido, y veo con agrado que mi confianza se ha visto justificada por la disposición que los dos primeros órdenes han mostrado en renunciar a sus privilegios económicos. La esperanza que he concebido de ver a todos los órdenes concurrir conmigo al bien general del Estado, no se verá defraudada […]”
Discurso del rey Luis XVI en la apertura de los Estados Generales, 1789.

SI TE INTERESA LA REVOLUCIÓN FRANCESA CONSIDERÁ TAMBIÉN
Fragmento de la posición del Rey sobre los Estados Gener…

Regímenes de gobierno según Aristóteles

LOS REGÍMENES DE GOBIERNO, SEGÚN ARISTÓTELES    “Después de haber precisado estas cuestiones se puede examinar a continuación cuántas en número y cuáles son las constituciones políticas; y, en primer lugar, las correctas, puesto que entonces resultarán claras sus desviaciones, después de haberlas definido. Ya que régimen político y gobierno significan lo mismo y el órgano de gobierno es lo decisivo y soberano en las ciudades, forzosamente será soberano o una persona o unos pocos o la mayoría. Cuando el uno o la minoría o la mayoría gobiernan atendiendo al interés general, esos regímenes serán forzosamente correctos, mientras que serán desviaciones los que atienden al interés particular del individuo o de la minoría o de la mayoría. Porque o no hay que reconocer como ciudadanos a los miembros de la comunidad o deben participar de sus beneficios.    De los gobiernos unipersonales solemos llamar monarquía al que atiende al interés general; al gobierno de pocos, pero más de uno, aristocr…

Carta de San Martín a Rosas. Agosto de 1838

Grand Bourg, cerca de París, 5 de Agosto de 1838. Exmo. Sr. Capitán General Juan Manuel de Rosas. Muy señor mío y respetable general: Separado voluntariamente de todo mando público, el año 23, y retirado en mi chacra de
Mendoza, siguiendo por inclinación una vida retirada, creía que este sistema, y más que todo,
mi vida pública en el espacio de diez años, me pondrían á cubierto con mis compatriotas de
toda idea de ambición á ninguna especie de mando ; me equivoqué en mi cálculo á los, dos
meses de mi llegada á Mendoza, el gobierno que, en aquella época, mandaba en Buenos Aires, no sólo me formó un bloqueo de espías, entre ellos á uno de mis sirvientes, sino que me hizo una guerra poco noble en los papeles públicos de su devoción, tratando al mismo tiempo de, hacerme sospechoso á los demás gobiernos de las provincias; por otra parte, los de la oposición, hombres á quienes en general no conocía ni aun de vista, hacían circular la absurda idea que mi regreso del Perú no tenía ot…

Facultades extraordinarias para Rosas

Facultades extraordinarias para el gobernador. DOS LEYES DEL 6 DE DICIEMBRE DE 1829      Art. 1 . Se procederá con arreglo a la ley al nombramiento de Gobernador y Capitán General de la provincia.      Art. 2. Serán deberes muy especiales del que resulte nombrado, arreglar conforme a las exigencias de las actuales circunstancias la administración interior de la provincia en todos sus ramos, conservando íntegra su libertad e independencia; proveer del modo más eficaz a sus necesidades; prevenir los ataques que intenten contra ella los anarquistas y afianzar el orden y la tranquilidad pública.      Art. 3. Para los objetos expresados en el artículo anterior se le reviste de las facultades extraordinarias que juzgue necesarias hasta la reunión de la próxima Legislatura, a la que dará cuenta del uso que haya hecho de esta especial autorización…      Art. 1. Queda nombrado el Señor Comandante de Campaña, coronel Don Juan Manuel de Rosas, Gobernador y Capitán General de la provincia, confor…

Ley 21276 Universidades nacionales. Leyes y decretos de la dictadura.

Universidades nacionales – normas de funcionamiento – derogación parcial de la Ley orgánica 20654
Art. 6º- Establecense como únicos requisitos, para el desempeño de la docencia universitaria, la idoneidad docente y científica, la integridad moral y la observancia de las leyes fundamentales de la nación.
Art. 7º- Queda prohibido, en el recinto universitario, toda actividad que asuma formas de adoctrinamiento, propaganda, proselitismo o agitación de carácter político o gremial, docente, estudiantil y no docente.

Cuatro testimonios de la Revolución de Mayo. 1810

Legítimamente ocupado “Yo vivía tranquilo en mi casa con mi dilatada familia disfrutando una mediana fortuna, y ejerciendo el oficio de notario mayor de este obispado desde el año 1789. Me hallaba trabajando en asuntos de mi profesión cuando en el mes de Mayo de 1810 recibí esquela de convite a un cabildo abierto que con anuencia del virrey se había acordado para la mañana del día 22. No concurrí por hallarme legítimamente ocupado.” (Autobiografía de Gervasio Posadas, vecino de Buenos Aires en 1810)

Desorden y violencia “Todo ha sido un desorden entre ellos y todo lo han hecho por la fuerza y con amenazas públicas ante el mismo cabildo. El día 26 todo está en silencio; ellos mismos son los que andan arriba y abajo en las calles con los sables arrastrando, metiendo ruido y nadie se mete con ellos (…) Le han querido echar la culpa al pueblo y el pueblo no se ha metido en nada, antes más bien los honrados vecinos procuraban no meterse en nada y daban sus votos a favor del señor virrey, pero…