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Alcances de la ciudadanía según Aristóteles

¿QUIÉNES ERAN CIUDADANOS EN LA ANTIGUA GRECIA?
   “¿En realidad, es ciudadano aquel que puede participar del poder o hay que considerar ciudadanos también a los trabajadores vulgares? Si debemos considerar ciudadanos a estos que no participan de las magistraturas, no será posible que sea propia de todo ciudadano la mencionada virtud, puesto que ésos serían ciudadanos. Y si ninguno de ellos es ciudadano ¿en qué clase habrá que incluirlos? No  son, en efecto, metecos ni extranjeros. ¿O reconoceremos que de esa argumentación no se sigue ningún absurdo? Tampoco los esclavos ni los libertos pertenecen a ninguna clase de las mencionadas.
   La verdad es que no hay que considerar ciudadanos a todos aquellos cuya existencia es imprescindible para la ciudad, ya que tampoco los niños lo son del mismo modo que los hombres, sino que éstos lo son sin más y los niños condicionalmente, ya que son ciudadanos, pero aún no cumplidos.
   En los tiempos antiguos, en algunos lugares, el grupo de los trabajadores era esclavo o extranjero. Ésa es la razón por la que aún hoy lo son la mayoría. La ciudad mejor no hará ciudadano al trabajador. En el caso de que también éste sea ciudadano, la virtud del que antes dijimos no se aplicará a todos, ni siquiera sólo al libre, sino sólo a los que estén exentos de los trabajos de primera necesidad. En cuanto a los que realizan esos trabajos necesarios, los unos los hacen para servicio de un individuo y son esclavos, los otros al servicio de la comunidad y son trabajadores y braceros a jornal. Continuando con nuestro examen se aclarará su situación, y al aclararse ésta resultará evidente lo que hemos dicho.
   Puesto que hay varios regímenes políticos, también es forzoso que haya varias clases de ciudadanos, de modo que en algún régimen habrán de ser ciudadanos el trabajador y el bracero a jornal, mientras en otro será imposible. Por ejemplo, si el régimen político es de los calificados como aristocráticos, en el que los títulos se conceden en atención a la virtud y la dignidad, no es, pues, posible que se ocupe de la virtud quien lleva una vida de trabajador o jornalero. En las oligarquías el bracero no puede ser ciudadano, ya que la participación en los cargos depende de tener ingresos; pero sí puede serlo el trabajador, ya que muchos de los obreros especializados se enriquecen. […]
   Sin embargo, en muchos regímenes la ley se dispone para admitir incluso a extranjeros. En algunas democracias el hijo de una ciudadana es ya así ciudadano. Y la misma consideración tienen los bastardos en muchos lugares. No obstante, ya que sólo por falta de ciudadanos legítimos hacen ciudadanos a tales personas (el caso es que aplican ese tipo de leyes a causa de la escasez de población), cuando su muchedumbre se repone poco a poco los eliminan, primero a los hijos de esclavo o esclava, después a los hijos de ciudadanas, y al final sólo admiten como ciudadanos a aquellos cuyos dos padres lo son.”

Aristóteles, República, Libro III, capítulo V. 

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La democracia según Aristóteles

SOBRE LAS CARACTERÍSTICAS DEL RÉGIMEN DEMOCRÁTICO    “El fundamento del régimen democrático es la libertad (en efecto, suele decirse que sólo en este régimen se participa de la libertad, pues éste es, según afirman, el fin a que tiende toda democracia). Una característica de la libertad es el ser gobernado y gobernar por turno y , en efecto, la justicia democrática consiste en tener todos lo mismo numéricamente y no según los merecimientos, y siendo esto lo justo, forzosamente tiene que ser soberana la muchedumbre, y lo que apruebe la mayoría, eso tiene que ser el fin y lo justo. Afirman que todos los ciudadanos deben tener lo mismo, de modo que en las democracias resulta que los pobres tienen más poder que los ricos, puesto que son más numerosos y lo que prevalece es la opinión de la mayoría. Esta es, pues, una característica de la libertad, que todos los partidarios de la democracia consideran como un rasgo esencial de este régimen. Otra es vivir como se quiere; pues dicen que esto …

Documentos Imperialismo. Armand Dubarry.1879

"El negro salvaje y bárbaro es capaz de todas las estupideces y desgraciadamente, Dios sabe el porqué, parece estar condenado en su país de origen a la salvajería y a la barbarie para siempre. Con tres semanas de trabajo tiene para garantizar su provisión de arroz, maíz, etc. Si trabajara seis meses, haría de su patria un paraíso. Pero cualquier idea de progreso y de moral no le permite darse cuenta del valor incalculable, del infinito poder del trabajo y sus leyes son sus pasiones brutales, sus apetencias feroces, los caprichos de su imaginación perturbada. El indígena vive al día, a la aventura, indiferente al mañana. Su gusto poco delicado le permite adaptarse a los que le ofrece el azar."
A. Dubarry. Viaje a Dahomey. 1879.
Armand Dubarry (1836-1910), autor de estas líneas, fue un periodista y escritor prolífico francés. Desempeñó tareas en el Journal des Voyages. 

Los fundamentos del Plan Marshall 1947. Discurso de George Marshall en la Universidad de Harvard el 6 de Junio de 1947

No necesito decirles, señores, que la situación mundial es muy seria (…). Al considerar lo que se precisa para la rehabilitación de Europa, la pérdida física de vida, la destrucción visible de ciudades, factorías, minas y ferrocarriles, fueron correctamente estimadas, pero se ha hecho obvio en los últimos meses que esta destrucción visible era probablemente menos seria que la dislocación de toda la fábrica de la economía europea (…). La verdad de la cuestión es que las necesidades de Europa para los próximos tres o cuatro años en alimentos y otros productos esenciales procedentes del exterior, principalmente de América, son tan superiores a su presente capacidad de pago, que tienen que recibir una ayuda adicional sustancial o enfrentarse con un deterioro económico, social y político de un carácter muy grave. El remedio consiste en romper el círculo vicioso y restaurar la confianza de la gente europea en el futuro económico de sus propios países y de Europa…

Fuentes y Documentos de Historia Mundial

Carta de un soldado francés. Primera Guerra mundial

Estos tres días pasados encogidos en la tierra, sin beber ni comer: quejidos de los heridos, luego el ataque entre los boches y nosotros. Después, al fin, paran las quejas; y los obuses, que nos destrozan los nervios y nos apestan, no nos dan tregua alguna, y las terribles horas que se pasan con la máscara y las gafas en el rostro, ¡los ojos lloran y se escupe sangre! Después, los oficiales que se van para siempre, noticias fúnebres que se trasmiten de boca en boca en el agujero, y las órdenes dadas en voz alta a cincuenta metros de nosotros; todos de pie, luego el trabajo con el pico bajo las terribles balas y el horrible ta-ta-ta de las ametralladoras.
Carta de un soldado francés, Marzo de 1916

Discurso del rey Luis XVI ante los Estados Generales, 1789.

“La deuda del Estado, ya inmensa a mi advenimiento al trono, se ha acrecentado todavía más bajo mi reinado: una guerra dispendiosa, pero honorable, ha sido la causa; la elevación de los impuestos ha sido la consecuencia necesaria y ha hecho más notoria su desigual repartición.     Una inquietud general, un deseo exagerado de innovaciones, se han adueñado de los espíritus (por eso debemos) apresurarnos a contenerlas en una reunión de entendimientos sabios y moderados. Y con esta esperanza, señores, los he reunido, y veo con agrado que mi confianza se ha visto justificada por la disposición que los dos primeros órdenes han mostrado en renunciar a sus privilegios económicos. La esperanza que he concebido de ver a todos los órdenes concurrir conmigo al bien general del Estado, no se verá defraudada […]”
Discurso del rey Luis XVI en la apertura de los Estados Generales, 1789.

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Fragmento de la posición del Rey sobre los Estados Gener…

¿El principio de causalidad demuestra la existencia de Dios?

El principio de causalidad establece que todo acontecimiento tiene una causa. Vos, yo, el celular en el que estás leyendo, la revista Patoruzito, las bóvedas de Cristina  y todo lo que existe en el mundo fue precedido por uno o varios sucesos que nos engendraron. A medida que retrocedemos en el árbol de la historia humana las ramas se van volviendo más gruesas, las causas se van anudando para construir momentos de coyuntura, situaciones de cambios, revoluciones y eventos fundantes.
La lógica del principio de causalidad nos va llevando cada vez más atrás en el tiempo, hasta llegar a situaciones troncales: La agricultura, la construcción de sociedades estatales, el nacimiento de Mirtha Legrand, el origen del homo sapiens, la aparición de los vertebrados, las primeras formas de vida. Todos estos sucesos y procesos fueron también engendrados por sus propias causas. Si somos coherentes y seguimos retrocediendo en la cadena de causalidad en algún momento vamos a llegar a las partículas elem…