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Crónica de Jean de Venette. Año 1356

La crónica de Jean de Venette permite aproximarnos a las tensiones sociales acumuladas en torno a la llamada Jacquerie (Fon Yaquerí). Aquí tranascribimos un primer fragmento correspondiente al año 1356.


En el mismo año de 1356 el lujo y la disolución de muchos delos nobles y caballeros se acentuaron aún más. He descripto antes las vestimentas escasas y humildes que llevaban; ahora comenzaron a desfigurarse en forma cada vez más extravagante. Usaban perlas en sus mantos y en sus cintos dorados y plateados y se adornaban elaboradamente de pies a cabeza con gemas y piedras preciosas. Tan asiduamente se cubrían los hombres de los más pequeños a los más grandes con estos lujos, que las perlas y otras piedras preciosas se vendían a muy altos precios y solo con dificultad podían encontrarse en París. Recuerdo haber visto pequeñas perlas que habían sido compradas hacía tiempo por ocho denarios y que se vendieron en esta época por diez libras. Los hombres también comenzaron a usar plumas de pájaros en sus sombreros. Durante la noche se dedicaban en forma inmoderada a los placeres de la carne o a los juegos de dados; durante el día jugaban a la pelota o al tennis. Por ello la gente común tenía razón en quejarse, y verdaderamente se lamentaba mucho de que los impuestos que se les imponía para la guerra se destinaban sin provecho a esta clase de deportes y modas. En ese tiempo los nobles comenzaron a llamar, por burla, Jacques Bonhomme a los campesinos y a la gente simple. Ese año, los hombres que eran enviados a la guerra y que llevaban sus armas a la manera rústica de los campesinos fueron llamados Jacques Bonhomme por los que se burlaba de ellos y los odiaban. Y así perdieron el nombre de campesinos. Tanto los franceses como los ingleses llamaron así a sus campesinos durante mucho tiempo. Pero, ¡ay!, muchos de aquellos que en ese momento se burlaban de los campesinos dándoles ese nombre, como se verá, murieron miserablemente a manos de los campesinos, y muchos campesinos fueron asesinados cruelmente, a su vez, por los nobles, y sus aldeas fueron incendiadas en venganza. 

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