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Atentado realizado por Wilckens contra el Teniente Coronel Varela. Bandera Proletaria. Nº 100. 10 de Febrero de 1923, pág. 1

Elementos para un Juicio.
Con motivo del atentado realizado por Wilckens contra el Tte. Cnnel. Varela

Fervientes partidarios nosotros de la organización de los trabajadores, no pretendemos que los males sociales puedan ser solucionados por la acción individual. En nuestro pensamiento no son determinados hombres los que deban obrar por cuenta propia para solucionar los males que caracterizan a nuestra sociedad capitalista. Entiéndase que decimos preferis al acto individual el acto colectivo. En efecto, en nuestro entender el crimen sin nombre perpetrado por el gobierno argentino en el territorio de Santa Cruz, debía haber sido contestado por los trabajdores todos de la república con insurgentes movimientos nacinoales.
Kurt Wilckens (1886-1923)
Es el puebl, en armas si se quiere, el que debiera haber respondido elocuentemente a los asesinos que, so pretexto de defender una orden superior, se dieron desenfrenadamente al crimen y al asalto de domicilios y vidas. Es la acción colectiva la que debíase haber empeñado en reparar el ultraje sangriento. Pero no bastó que la clase trabajadora se sintiera sangrar, no fue bastante que la familia proletaria sintiera en sus propias carnes la acción contumaz del machete y fusil nacionales para que despertara a la conciencia de la ofensa inferida por los mandatarios. Y pasible, inconsciente quizás de la magnitud del crimen, cobarde sin duda, la gran masa proletaria no levantó sus corazones, no puso en alto sus puños contra los responsables, sino que calló, calló vergonzosamente viendo a miembros suyos caer víctimas de las más tremendas sañas militaristas. Sin embargo, nuevo crimen significará el dejar impune aquel nuevo crimen, y ante el silencio colectivo justicia era que se cumpliera lo que fue cumplido. Lo que debiendo hacerlo no lo hizo la clase trabajdora en general, lo hizo un hombre que tendrá que ser mártir al mismo tiempo que héroe: ¡Vengar a los asesinos del Sur!
Decimos que tendrá que ser mártir y lo será pagando él el delito de la cobardía de un pueblo.
Kurt Wilkens está hoy ante los tribunales. La represalia de los jueces se hará tanto creul cuanto más se prolongue la cobardía de los trabajadores. No olvidemos que hay dos fallos: el de los jueces profesionales y el del pueblo, fallo supremo. A aquellos que les importa la muerte de su coronel, a este debe importarle las vidas que a mansalva fueron arrancadas a la familia obrera.
A nosostros, a los trabajdores todos, hoy que el vengador de los masacrados en el Chubut se encuentra entre los esbirros, nos importan aquellos crímenes horrendos. Wilkens es el mensajero de los caídos y va a pedir cuentas - haciéndose oir- de aquellas atrocidades a  los que no quisieron escuchar cuando en vanal clamor el periodismo todo, vagamente, platónicamente, pedía cuenta.
¡No!, no podía quedar impune ese gran crimen cometido al amparo del estandarte nacional. ¿Qué sería de nosotros, del pueblo todosi no surgieran del anónimo para hacerse inmortales esos hombres únicos, singulares, que saben reparar la defección colectiva?
La acción de Wilckens va más allá del hecho de haber quitado del medio a un asesino. Viene a rememorar, hacerlo recordar a los mandatarios, el por qué de estos crímenes que nosotros extractamos de un relato veinte veces publicado en distintos periódicos. Helo aquí:
"A Agustín Donoso -dice el relato- le metieron el caño de un fusil por un ojo y le salió por la nuca. Otro de ellos, llamado Bandera, tiene el cráneo machacado a culatazos y los sesos completamente deshechos y distantes unos dos metros: tiene también el cuerpo acribillado a balazos. Otro cuyo nombre ignoramos, presenta un estado difícil de identificiar, pues además de estar perforado a balazos, tiene el rostro y el cráneo destrozados a golpes de culata y parece que fue arrastrado largo trecho a juzgar por el desgarramiento del cuerpo y de las ropas. Ahí están esos tres camaradas en línea al lado del camino, sin sepultura hace más de treinta días, putrefactos. Los buitres se entretienen en devorar sus cadáveres y causo horror indescriptible contemplar esos cuerpos humanos convertidos en piltrafas nauseabundas.
"Apenas fueron desarmados y puestos en fila -añade el infome- fueorn separados aquellos que señalaban los estancieros, los cuales alcanzaron a 95. El capitán Ibarra, señalando el montón, les dijo a sus soldados: - Diviertanse con ese grupo, muchachos. Los soldados, entonces, se lanzaron como bestias hambrientas contra el grupo y, a culatazos se hizo avanzar a los 95 detrás del cerro Ventura. Después se sintió una descarga cerrada, después gritos, gemidos, imprecaciones, después un clamoreo infernal..."
"Una voz del grupo gritaba: ´Asesinos, no nos maten  por la espalda. Eso no lo ha hecho nunca los soldados argentinos!´ "
"Cuando cesó el tiroteo, los restantes puedieron ver que en un pozo de seis metros de largo amontonados hasta un metro de altura estaban los 95, a quienes se les había despojado de todo objeto de valor mientras se les extraían y quemaban los documentos, de sus bolsillos ensangrentados.
"Poco después pasaron dos doldados llevando cad auno de ellos una lata de nafta. Pronto se dejó sentir un olor fuerte y penetrante a carne humana asada, y una gran humareda densa y negra se alzó detrás del cerro. ¡Los muchachos se divierten! Después de matar a 95 hombres por la espalda, y despojarlos de todo, les quemaban para no dejar rastro.
"Un pelotón de soldados se acercó a una casa donde se encontraban una mujer y cinco hijos; como no se les indicara dónde se encontraba su marido fue violentamente desnudada y ultimada a machetazos ante la presencia de sus cinco hijos".
Sí, Kurt Wilckens es el imperativo interrogante: ¿Por qué? ¿Por qué?
¡Hay que ser muy bueno para hacerse oir a la manera de Wilkens por los que sólo así se les vulnera la sordera!

BANDERA PROLETARIA, AÑO II, Nº 100, 10 de febrero de 1923, pág. 1 

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