Ir al contenido principal

Una nueva encíclica, Héctor Borrat (Cristianismo y Revolución Nº 2. Octubre-Noviembre 1966)

Si todavía nos hiciera falta un índice claro de las dificultades de expresión que traban al aggiornamento, he aquí la encíclica Christi Matrii Rosarii, dada en Roma el 15 de setiembre y hecha pública en las vísperas mismas de la Asamblea General de las Naciones Unidas.
La ocasión, el contenido, y aun un explícito llamado “a los jefes de las naciones”, proyectan al documento más allá del ámbito estrictamente eclesiástico que parecería anunciar la nómina de sus destinatarios. Pablo VI no deja lugar a dudas sobre el tono y la perentoriedad de sus palabras cuando grita, pide, señala:
“El nombre del Señor gritamos alto, tenemos que aunamos para llegar con sinceridad á planes y convenios. Este es el momento de arreglar la situación, aun con cierto detrimento y perjuicio, ya que habría que rehacerlo luego, quizá con gran daño y después de una acerbísima carnicería, que al presente no podencos ni soñar. Pero hay que llegar a una paz basada en la justicia y libertad de los hombres, y de tal manera que se tenga cuenta de los derechos de los hombres y de las comunidades; de otra forma será incierta e inestable.”
El grito queda sofocado, sin embargo, aun cuando quien lo profiera sea un hombre tan decidido y tesoneramente volcado a los trabajos por la paz mundial como es —hecho notorio— Pablo VI. ¿Qué resonancia puede tener en medio del vasto y diverso auditorio contemporáneo cuando viene recubierto de este barroquismo de sacristía que todavía da cuenta del “ánimo conmovido y lleno de ansiedad”, que todavía invoca “místicas guirnaldas” y exalta a “la flor de la inocencia”? ¿Qué articulación concreta, sobre hechos y urgencias nuestras, puede advertirse detrás de todo el pesado andamiaje de velos y esfumaturas que llega a omitir hasta al propio nombre del Vietnam transformándolo asépticamente en “la región del Asia Oriental” y que fija distancias remotas cuando parece aludir al imperialismo como “el insensato deseo de dilatar la propia nación” y al racismo como —¡apenas!— “la moderada estima de la raza”?
Creo que, en esta encíclica, Pablo VI no avanza más allá de una pública comunicación de sus propios, muy fundados temores. Es cierto que quiere la paz basada sobre “la justicia y libertad de los hombres”, pero esta doble base llamaba precisamente a una fuerte toma de conciencia, por el Papa, de la injusticia concreta que opera en estos momentos contra la paz en Vietnam. Es claro que el Papa tiene perfecto derecho a considerar diplomáticamente inoportuna una condena suya a la política norteamericana en esa área del mundo y que los artesanos de la paz deben sacrificar muchas veces las declaraciones públicas a un trabajo más oscuro pero más efectivo.
De ser así, ¿no habría resultado mejor que no saliera entonces de las reservas de las negociaciones, que no profiera este grito que, por omisión, por indefinición, no parece un grito profético?

Al mismo tiempo, se me ocurre que la Christi Matrii Rosarii imposta el grito por la paz en una tonalidad extrañamente preconciliar al invitar “a todos los hijos de la Iglesia” para que “se ruegue con más instancia durante el mes de octubre (…) con el rezo piadoso del rosario a María”. No pretendo negarle valor a esta forma de oración; buena falta nos hace la oración, cual quiera que sea su forma. Simplemente observo que mientras todo el Vaticano II pone el énfasis en la liturgia, la encíclica lo descarga sobre esta devoción popular, extralitúrgica, que es el rosario. Mera cuestión de énfasis, se dirá. Pero un énfasis que importa como índice. Porque, aun así, el Papa pudo infundir una nueva dimensión, bíblica y por eso mismo plenamente responsable de esta situación histórica, a la vieja devoción popular tantas veces identificada con la rutina. Pudo hacer del rosario no sólo un hecho popular sino una oración puesta al día, para contemporáneos comprometidos con las urgencias de la paz. Sin embargo, la María de la encíclica se resuelve en una mera acumulación de títulos (“Madre de Cristo”, “Madre de Dios”, “Reina de la Paz”, “Madre de la Iglesia”, “Madre del Salvador”, “clementísima Madre”…) que por sí solos tienen mucho menos fuerza que aquellas palabras de la María histórica, la bíblica. Aquella que supo cantar la grandeza del Señor porque “desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los soberbios, derribó del trono a los poderosos y elevó a los humildes, colmó de bienes a los hambrientos y despidió a los ricos con las manos vacías” (Le 1, 51-53). Aquella muchacha judía tan consciente de estas implicancias sociales y económicas de la paz mesiánica que, lamentablemente, echamos de menos en los planteos de la encíclica.


Comentarios

Otros contenidos de Perspectivis

¿El principio de causalidad demuestra la existencia de Dios?

El principio de causalidad establece que todo acontecimiento tiene una causa. Vos, yo, el celular en el que estás leyendo, la revista Patoruzito, las bóvedas de Cristina  y todo lo que existe en el mundo fue precedido por uno o varios sucesos que nos engendraron. A medida que retrocedemos en el árbol de la historia humana las ramas se van volviendo más gruesas, las causas se van anudando para construir momentos de coyuntura, situaciones de cambios, revoluciones y eventos fundantes.
La lógica del principio de causalidad nos va llevando cada vez más atrás en el tiempo, hasta llegar a situaciones troncales: La agricultura, la construcción de sociedades estatales, el nacimiento de Mirtha Legrand, el origen del homo sapiens, la aparición de los vertebrados, las primeras formas de vida. Todos estos sucesos y procesos fueron también engendrados por sus propias causas. Si somos coherentes y seguimos retrocediendo en la cadena de causalidad en algún momento vamos a llegar a las partículas elem…

La democracia según Aristóteles

SOBRE LAS CARACTERÍSTICAS DEL RÉGIMEN DEMOCRÁTICO    “El fundamento del régimen democrático es la libertad (en efecto, suele decirse que sólo en este régimen se participa de la libertad, pues éste es, según afirman, el fin a que tiende toda democracia). Una característica de la libertad es el ser gobernado y gobernar por turno y , en efecto, la justicia democrática consiste en tener todos lo mismo numéricamente y no según los merecimientos, y siendo esto lo justo, forzosamente tiene que ser soberana la muchedumbre, y lo que apruebe la mayoría, eso tiene que ser el fin y lo justo. Afirman que todos los ciudadanos deben tener lo mismo, de modo que en las democracias resulta que los pobres tienen más poder que los ricos, puesto que son más numerosos y lo que prevalece es la opinión de la mayoría. Esta es, pues, una característica de la libertad, que todos los partidarios de la democracia consideran como un rasgo esencial de este régimen. Otra es vivir como se quiere; pues dicen que esto …

Recrear la Guerra de Malvinas en Twitter. Reflexión teórica. Javier Gullo. Tecnología y Educación.

"Hay historias contadas una y otra vez que cada vez que son contadas se vuelven un poco más lejanas"


Hay mucho material escrito sobre la Guerra de Malvinas (1982). Existen análisis que se circunscriben a los hechos puramente bélicos y otros que enmarcan el conflicto en la coyuntura mayor de la dictadura. Respecto del rol que desempeñaron los medios de comunicación  resaltan, sobre todo, trabajos periodísticos cuyo foco está puesto en la denuncia del ocultamiento llevado adelante por los medios existentes en 1982 de la realidad de lo que ocurría en las islas. En ese punto, la imagen arquetípica que sintetiza esa posición es la denuncia de la famosa tapa de la revista Gente y su "estamos ganando".  Sin embargo, más allá del tiempo transcurrido y los análisis realizados del conflicto, la guerra siempre estuvo (y está) cubierta por un manto de oscuridad o invisibilidad cuyo punto de inicio se podría ubicar en el mecanismo empleado por el Estado para devolver a los cons…

Mapa Perspectivis

Navegá el Mapa Histórico. Modificá los filtros y descubrí distintas épocas.

Fuentes y Documentos de Historia Argentina. Desde la Revolución de Mayo de 1810 hasta el tratado del Pilar de 1820

Discurso de Juan José Castelli en el cabildo abierto del 22 de Mayo de 1810

Desde que el señor Infante Don Antonio (un tío de Fernando VII a quien éste confió la presidencia de la Junta Suprema de Gobierno) salió de Madrid (obligado por los franceses), ha caducado el gobierno soberano de España. Ahora con mayor razón debe considerarse que ha expirado, con la disolución de la Junta Central, porque además de haber sido acusada de infidencia por el pueblo de Sevilla, no tenía facultades para establecer el Supremo Gobierno de Regencia, ya porque los poderes de sus vocales eran personalísimos para el gobierno y no podían delegarse, y ya por la falta de concurrencia de los diputados de América en la elección y establecimiento de aquel gobierno, que es por lo tanto ilegítimo. Los derechos de la so…

Ley 21264 Ley de represión del sabotaje. Leyes y decretos de la dictadura

Art.1º - El que públicamente, por cualquier medio, incitare a la violencia colectiva y/o alterare el orden público, será reprimido por la sola incitación con reclusión hasta diez años.
Art. 2º- el que atentare en cualquier forma contra los medios de transporte, de comunicación usinas, instalaciones de gas o agua corriente, u otros servicios públicos, será reprimido con reclusión por tiempo indeterminado o muerte
Art. 4º - El que mediante incendio, explosión u otro medio análogo, creare un peligro común para personas y bienes, será reprimido con reclusión por tiempo determinado o muerte
Art. 5º- De acuerdo a lo dispuesto por el art. 137 del Código de Justicia Militar, el personal militar de las fuerzas de seguridad y de las fuerzas policiales hará uso de las armas en caso de que la persona incurra en alguno de los delitos previstos en los arts. 2º y 4º precedentes, sea sorprendido in fragante y no se entregue a la primera intimación o haga armas contra la autoridad.
Art. 6º (…) Los encubr…