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El Terrorismo en Argentina. Publicación 1979. Documentos Históricos


Libro "El Terrorismo en Argentina". 
Publicado en 1979.


Prólogo
El 24 de Marzo de 1976 las Fuerzas Armadas asumieron el poder político en la República Argentina, junto con la responsabilidad de contener la disolución progresiva del Estado, el caos generalizado y la situación de extrema indefensión social en que se hallaba para, posteriormente, reencauzarla en la senda del orden, el trabajo fecundo y el progreso en democracia.
A tres años de aquel día, el Gobierno Nacional cree un deber hacer público este documento, testimonio fidedigno de un proceso que data de veinte años atrás.
Es su destinatario primero el Pueblo de la Nación, sujeto pasivo inicial de un fenómeno sangriento que nunca mereció, y partícipe invalorable y decidido de la superación final. Pero Argentina, fiel a su destino abierto al mundo de los hombres libres, erige a éste en el segundo destinatario y lo ubica en el mismo plano.
Este informe es, pese al contenido sobrecogedor, un mensaje de fe y reconocimiento en la fuerza de la libertad, de la justicia y del amor a la vida.
Mensaje y testimonio, ofrecen a la reflexión una experiencia que la Nación jamás repetirá con la gracia de Dios, anhelando que los pueblos de nuestra América y los hermanos de más allá la recojan, comprendan y eviten.
Este informe hace fe del nacimiento, desarrollo y desenlace del fenómeno terrorista en la República Argentina y en su posterior rebrote lejos de sus fronteras una vez derrotado en ésta, el suelo de la Libertad. Lo considera como un fenómeno político complejo, tal como es.
La Primera parte –cuerpo principal- tiene por objeto describir la acción violenta del terrorismo, dentro de la situación nacional e institucional, entre 1959 y 1979. La subdivisión en períodos menores atiende al tratamiento simultáneo y mejor comprensión de la intima relación entre la circunstancia política y el hecho terrorista que nace y medra a su sombra. De tal manera puede apreciarse la naturaleza criminosa de sus fines, de sus técnicas y de sus frutos. Medios y fines que rehuyen la luz, hombres que requieren clandestinidad, la oscuridad que oculte las notas subhumanas de su ser y de su hacer. Y cuando entienden que el terror diseminado les ampara, cuando aparentan mostrar el rostro, éste resulta en verdad la máscara del odio ciego y la violencia descontrolada.
Frente a ellos, el pueblo y la fuerza legítima. Cada uno en el modo que le es propio dieron la respuesta adecuada y alcanzaron la victoria: restablecer el derecho a la vida, a la libertad que le impone sentido, a la propiedad que permite alcanzar sus fines materiales, al trabajo en paz. El contenido de esa victoria coincide con el significado de la derrota de los violentos. Sus jefes huyeron a refugios dorados y aquí dejaron –junto con su legado de sangre- a sus seguidores. Estos responden hoy de sus propios hechos y por aquel legado, sin que la sociedad argentina omita todos los esfuerzos para recuperarlos a su seno en el futuro.
También hubo quienes perdieron la vida. La república debe homenaje permanente a los que cayeron por defenderla y guarda para los que la atacaron.
El informe pone de manifiesto el origen externo de la subversión que hoy en la derrota ha regresado al punto de partida y dirige desde allí una campaña ominosa contra la Nación. Sorprende la buena fe de gobiernos e instituciones, compra con dinero mal habido la difusión de sus especies y con él desata nuevas aventuras en otros países. Ha cambiado de escenario pero sigue aferrado a sus fines y métodos.
No obstante ser la expresión más trágica del fenómeno, el desprecio más objetivo a los derechos humanos, la lucha armada es solo una de sus facetas. Se ha comprobado que aquella existe en virtud de que antes y durante su desarrollo, la ideología de la muerte se introdujo y dominó la educación y la cultura, el sector del trabajo, la economía y la justicia. Es por eso que la segunda a quinta parte de este informe tienen por objeto hacer conocer: los Objetivos, Estrategias, Técnicas y procedimientos utilizados por la subversión para infiltrarse, controlar desde su interior, y orientarlas hacia el apoyo de la lucha armada, a cada una de las instituciones de cada uno de los sectores que integran la sociedad argentina.
Para cada sector la subversión elaboró y puso en marcha una metodología, todas convergentes al fin común de destruirlas, paralizarlas o dominarlas. Pero fracasaron. Al herir en sus valores más fiemes a un pueblo pacífico y libre, aquellos valores cobraron forma en una respuesta contundente, viril y sacrificada.
Hoy, más que vivir el fin del terrorismo, Argentina vive el comienzo difícil de una era de madurez, de responsabilidades asumidas con realismo. Las cicatrices son memoria, pero también cimiento de una democracia fuerte, de un pueblo unido y libre. Un pueblo que aprendió duramente que el abuso de la libertad es causa de enfermedad social, pero que el terrorismo totalitario es la muerte inexcusable de la libertad.
La Nación Argentina ofrece este testimonio al país y al mundo libre.






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